sábado, 17 de octubre de 2009

Las ofensas de los enchufados

Es curioso cómo la crítica a las redes sociales y a las interfaces del ciberespacio despierta tanta animadversión; pareciera que la gente se siente agraviada cuando se señala su forma de perder el tiempo. Con un afán de provocación, he escrito alguna vez en contra del Twitter (aquí mismo), y no he dejado pasar la oportunidad de lanzar alguna frase pretendidamente mordaz cuando mis amigos hacen notar su pasión por el Facebook, una baja pasión a la que suelen dedicar horas y horas. La mayoría de las veces se ofenden porque les parece que me estoy metiendo con su forma de emplear el tiempo, y entonces me llaman airadamente “moralista”, quizá creyendo que la palabra misma es insultante. Desde luego mi crítica tiene un componente "moral", pero no veo que eso sea reprobable per se, como si todo juicio moral fuera moralino. El ocio, la discusión de qué hacer con el tiempo libre, siempre ha tenido un trasfondo moral que es fácil percibir en la raíz del "leisure" inglés, que proviene de "licere": lo que es lícito hacer. Toda la columna de "The Idler", del Dr. Johnson (por cierto, un gran moralista), parte de esta preocupación de qué hacer con el tiempo libre, pues según él estamos muy poco preparados para no trabajar.

Como la televisión, como cualquier medio, todo depende de cómo se usa, y es verdad que Twitter y Facebook, al igual que el papel impreso, se utilizan para una gran variedad de cosas. Pero eso no cancela la posibilidad de criticar lo que allí abunda. Habrá siempre la oportunidad de “pescar” lo que valga la pena, de darle la vuelta, de sacarle jugo —como a la televisión—, pero es legítimo lamentarse de la mala calidad de la programación general, sobre todo después de un maratón de zappeo sin encontrar nada o muy poco, que lo único que nos ha dejado es la esclerosis del dedo pulgar. Por supuesto una crítica así se basa en una generalización, pero ¿cómo podríamos hablar sin generalizaciones? También se puede comentar, no sé, la decadencia del cine, a pesar de que haya por allí películas valiosas, que uno debe aprender a rastrear en medio de una cartelera escalofriante.

No se sabe si Twitter será sólo una moda pasajera o no, pero hasta ahora sus mismos inventores están desesperados buscando cuál pueda ser su utilidad. Se ha visto —los propios desarrolladores lo han visto— que la gente se inscribe a Twitter, lo usa unas semanas y luego lo abandona. Tal vez porque no es la gran cosa, tal vez por su iridiscente banalidad. Si estadísticamente se publica en él menos bazofia que en los libros de filosofía o en la prensa, eso es una cuestión empírica que habría que establecer, pero la cuestión importante es que también la prensa y los libros de filosofía ameritan una buena crítica por los bodrios que publican en avalancha.

En última instancia, cada quien elige sus juguetes (tecnológicos o no), y cada quien pierde su tiempo como puede y quiere. (Yo, por ejemplo, confieso que puedo perder horas jugando ajedrez o viendo despaciosos partidos de beisbol, pasatiempos que a otros les parecerán indignos, mediocres, cuestionables, demodé.) Pero no veo por qué el intento de hacer una lectura de esos juguetes, de las prácticas que fomentan, de las nuevas formas de sociabilidad que pregonan, sea desencaminada o reprobable, o por qué haya de inscribirse en una corriente de bucolismo anarquizante (con algo de nostalgia rupestre a la Walden) por lo visto tan insufrible y ofensiva.

En todo caso, una crítica de esta naturaleza es sólo la contraparte o contramarea al entusiasmo bobalicón que rodea a las interfaces del siglo XXI, a esa defensa a ultranza que hacen quienes a duras penas pueden desenchufarse y entonces les hierve la sangre cuando alguien disiente o toma distancia y les pregunta: ¿pero de verdad esos twitters y facebooks valen tanto la pena?


Bocetos enchufados para la trilogia de KAYA.

12 comentarios:

Two Of Us. dijo...

Aparte de no tolerar la crítica de un hecho (de algo fáctico a partir de lo virtual, irónicamente); les raspa que el hecho sea tan evidente que halla quien no puede hacerse de la vista gorda ante el.
Para que no se nos muera la fogata, un chiste:
http://stuffwhitepeoplelike.com/2008/07/31/106-facebook/

Aurelio Asiain dijo...

¿Y de dónde sacas que quienes no comparten tus prejuicios no pueden desenchufarse, mientras en cambio tú discurres con soltura por los parques mirando mariposas y descifrando nubes? ¿De dónde, que los demás no hacen sino perder el tiempo leyendo y escribiendo en la pantalla, mientras que tú lo ganas departiendo al modo amebeo en un rincón de la biblioteca, tras el pato a la naranja? De tus prejuicios, también, y de una idealización de tu circunstancia. Y es ridículo que tomes la crítica como animadversión, como si quienes te responden lo hicieran porque se sienten ofendidos por tus comentarios. Pero claro, los demás reaccionan siempre por malas razones, ladran con la correa al cuello, sobresaltando las meditaciones del paseante. Ridículo.

Carlos dijo...

Me gustó la manera en que habías defendido tu anterior publicación pues sí creo que hubo personas que reaccionaron ofendidas al sentirse aludidas, estuvo interesante cómo ganaste el debate. Esta vez, me alegra que te haya puesto en tu lugar Aurelio. Cuánta arrogancia se lee en esta última publicación.
Me agradaría leer una respuesta inteligente (como siempre) pero con algo de autocrítica.

Luigi Amara dijo...

Está claro que los debates televisivos, Carlos, donde siempre se busca un ganador, te hacen creer que hay derrotados y vencedores en un intercambio de comentarios... Si eso buscas, cambia de canal y sintoniza las peleas de box.
Jamás he tomado la crítica como animadversión, salvo cuando viene precedida de ¡animadversión! Por alguna razón los blogs, o más bien las secciones de comentarios de los mismos, se han convertido en un hervidero de descalificaciones, ataques ad hominem e insultos, y cuando se señala resulta que el que está confundido es uno, y además es un arrogante.
Lo que pasa es que no hay una cultura del debate; la supuesta crítica suele dejarse llevar por los exabruptos, las adjetivaciones, los cambios de tema, las peticiones de principio o el morbo por ver quién pone en su lugar a quién. Eso sí que es ridículo.
Que entre los que suelen defender Twitter y Facebook se cuenten los enchufados incorregibles es una cosa, pero en ningún momento hago la implicación de que uno presuponga lo otro. Eso es algo que se saca Aurelio de la manga para preguntarme que de dónde lo saco.
Y desde luego, un texto contra las redes sociales desemboca necesariamente en la sospecha de que sea una pérdida ostensible de tiempo, pero eso, otra vez, no tiene nada que ver con que yo (o quien sea que no haya caído en el embrujo) sí lo esté empleando provechosamente. De nuevo es la vieja artimaña de preguntarle al otro que de dónde se saca lo que no se ha sacado (todo sea dicho sin albur).
Pero como quizá responder esta clase de comentarios sí sea una pérdida de tiempo, mejor le paro, que el pato a la naranja está en la lumbre y hay unas nubes que me aguardan para su desciframiento.

Aurelio Asiain dijo...

"esa defensa a ultranza que hacen quienes a duras penas pueden desenchufarse y entonces les hierve la sangre cuando alguien disiente o toma distancia y les pregunta: ¿pero de verdad esos twitters y facebooks valen tanto la pena?"

Luigi Amara dijo...

Los siempre enchufados suelen defender a ultranza los juguetes que los entretienen, pero está claro que no se requiere ser un adicto para tener una afición.

Carlos dijo...

Nuevamente Luigui, tus comentarios son contundentes y los leo con gusto. Concuerdo en que no se trata de ganar o perder en el debate sobre todo cuando hay un dialogo sin descalificaciones como el que no hubo. En realidad lo que me cayó un poco mal fue la petulancia con la que escribiste el último artículo pero pues son prejuicios personales, igual Borges era petulante y escribía cosas muy chidas.

jmjesus dijo...

Me es curioso que, en los comentarios, la discusión (sobre todo en la primera crítica) hubiera tomado un rumbo hacia las causas que propiciaron al autor escribir lo que escribió.

Como buen crítico (en su más triste sentido): "¡Vamos a interpretar lo que el autor quiso decir y el por qué de lo que quiso decir!" Cuando lo que en efecto se dijo, fue perdido cual 'post' de twitter.

William Gibson decía sobre la tecnología: "[...] se encuentra tan cerca de nosotros, que hemos llegado a la ceguera.".

Inmersos en esta tecnología, que nació desde la guerra, ¿qué será de nosotros en el panóptico que se viene sin el espíritu de crítica, sin el cuestionamiento constante?

N. dijo...

Después de la faramalla de Internet Necesario, ¿qué nos tiene que decir sobre el nuevo juguete tecnológico?

N. dijo...

Aclaro mi pregunta: ¿Su opinión sobre twitter ha cambiado? ¿Sigue siendo únicamente un juguete para alienados?

Luigi Amara dijo...

No he cambiado todavía de opinión, señorita N: asombra la rapidez con que se organizan esos movimientos twitteros, lo cual también hace sospechar de su condición efímera.
Pero para que sirvan de algo hacen falta cuando menos dos saltos (que el Twitter por sí solo no ofrece): darle forma de argumentos sólidos (140 caracteres sólo se quedan en la superficie) y pasar a la acción. De lo contrario no dejarán de ser puras llamaradas mediáticas.

N. dijo...

Sr. Amara:

Me parece muy agudo su comentario sobre el carácter efímero del movimiento twittero y creo que habla mucho del movimiento -si es que eso es- en sí.

Lo que me llama la atención es, como dice, la manifestación como hecho mediático que más que darle importancia a un hecho político, se la quita. Se convierte en un estilo de comedia.

¿Por qué manifestarse en contra del impuesto a las telecomunicaciones y no en contra del IVA, quizás el que más afecta a todos los mexicanos? Creo que ahí se hacer notar la inconsciencia del que cree estar organizando un 'movimiento'. Cuando, a decir verdad, está defendiendo únicamente los intereses que le parecen más inmediatos.

Yo tengo twitter y a pesar de ello, estoy de acuerdo con muchas (no todas) de las criticas que hace en estas dos entradas. Coincido en que puede llegar a ser un medio sumamente alienante y trivial, aunque hay quienes le dan buen uso a esos 140 caracteres.

Saludos.