Una de las formas más intrépidas y efectivas de impulsar la cultura y la educación es recortar su presupuesto. El artista, ya se sabe, se crece en la adversidad; está demostrado que los museos organizan exposiciones más vanguardistas mientras menos recursos tienen, y las escuelas se convierten en auténticos hervideros del saber cuando los techos gotean, no hay luz y, a falta de una caja chica para la compra de gises, se repasa la lección no borrada del año escolar anterior. Los programas oficiales de fomento a la lectura, por ejemplo, se benefician por la obligada vuelta a los clásicos, pues al reciclar los libros
El recorte, que de un año a otro se calcula de alrededor del 26% en cultura y de varios puntos porcentuales en educación superior, en lugar de dejar truncos y desatendidos los proyectos vigentes en la materia será un acicate para que se afiancen valores como la imaginación minimalista, la lucha en equipo ante lo adverso y la búsqueda creativa entre la basura. Aunque no han faltado las voces que cuestionan estas medidas —los típicos señalamientos aguafiestas de que el Estado desatiende algunas de sus obligaciones primarias y bla bla bla—, soy de la opinión de que más bien reafirma y enuncia con toda claridad sus prioridades: en la educación y la cultura está la clave del futuro de México, de manera que las nuevas generaciones deben adaptarse desde ahora a la austeridad. Si el énfasis no estuviera puesto precisamente en estos rubros, no se entendería que fueran los primeros en la lista de una Estrategia Concertada para el Fomento de la Desigualdad y el Combate al Conocimiento, que tan buenos dividendos ha arrojado hasta ahora, mientras que otros programas como
Lejos de considerar que la cultura sea un adorno o un lujo, o que la educación no contribuya al crecimiento social y económico de la nación, el gobierno de México pretende demostrar que las recomendaciones de la UNESCO de asignar cuando menos 8% del PIB a la educación son exageradas e incluso contraproducentes, pues crean un ambiente falaz de bonanza que fomenta los hábitos parasitarios entre los trabajadores de la cultura y a los investigadores los vuelve fodongos. Si el aumento promedio de la escolaridad en un grado hace crecer el PIB en 1%, aquí, en cambio, al grito de “sí se puede” se ha conseguido que
Por lo demás, el decremento presupuestal no desembocará en el tan temido síndrome de los programas interruptus: ni las clases se reducirán de 50 a 35 minutos ni las obras de teatro se acabarán a la mitad del segundo acto. Todo seguirá un poco como suele, pero mejor: con más tensión dramática, con mayor hambre de conseguirlo, con las siempre beneficiosas dosis de ingenio e improvisación. Y no hay que olvidar que si el artista, el director del museo o el maestro de primaria se ven en la necesidad de aportar dinero de su bolsillo para llevar a buen puerto los proyectos, se estará dando un paso importantísimo en el tan buscado apoyo de la iniciativa privada a la cultura. El objetivo es que el actual esquema de mecenazgo que desempeña el Estado se
También es falso que la Dirección General de Publicaciones se limitará a aceptar los libros de microficción o haikú por el temor de que los recursos se acaben y entonces haya que recortar páginas sin que se note, del mismo modo que no hay que hacer caso a aquellos que auguran que los museos ya no se harán cargo de pintar las paredes de blanco o de enmarcar los cuadros como se debe. Si en los museos abundan las piezas que en apariencia celebran la podredumbre, la materia fecal, la suciedad y los desechos, la sangre y en ocasiones los mocos, es porque desde hace ya varias décadas se ha impuesto una estética desinhibida y nihilista —en contra de lo que pudiera pensarse, más conceptual—, y ello nada tiene que ver con la crisis que vino de afuera. Es ridículo suponer que todo comenzó con lo caro que estaban los óleos y pinceles, y que una vez que los artistas se descubrieron desnudos, sin más recursos que su propio cuerpo, comenzaron a crear desde allí. La célebre Caja de zapatos con que Gabriel Orozco conmocionó la Bienal de Venecia es un buen ejemplo de
Ahora que las universidades públicas afrontarán el desafío de hacer más con menos, y de acomodar más estudiantes en menos salones, saldrá a la luz el verdadero compromiso con México. Mientras que a los diputados se les castiga devolviéndoles los fondos de los viajes que no hicieron y de los viáticos que no utilizaron, y a los magistrados se les reprende con sueldos en proporción inversa a las decisiones que no se atreven a tomar, los investigadores y maestros de educación superior serán beneficiados por el Programa de Estímulo a la Precariedad. Las bibliotecas a su disposición, por ejemplo, procurarán no añadir nuevos volúmenes al acervo con el fin de no alterar el equilibrio de sus tesis y descubrimientos, y en los laboratorios se suspenderá el suministro eléctrico para que los experimentos científicos se desenvuelvan en condiciones más naturales. Este clima de recortes también facilitará

7 comentarios:
Luigi,
algo pasó porque parece que los párrafos están sin terminar. ¿Así es el texto original?
Como sea, está muy interesante.
Saludos
Interesante la disputa, porque dejó ver muchos de sus pensamientos.
El tema del amor no es exclusivo de los mártires, ni de los locos, eso usted debería saberlo.
A menos que como aquellos carentes e incapaces de amar usted sostenga que todo examen del amor no es otra cosa más que una prédica.
Fromm le llama a eso Racionalización del cinismo
Mucho me temo que usted sí lo sabe, pero que perdió todo atisbo de objetividad en el diálogo.
"La facultad de pensar objetivamente es la razón; la actitud emocional que corresponde a la razón es la humildad. Ser objetivo, utilizar la propia razón, sólo es posible si se ha alcanzado una actitud de humildad, si se ha emergido de los sueños de omnisciencia y omnipotencia de la infancia", dice Fromm en el EL ARTE DE AMAR
También dice que el insano o el soñador carece de una visión objetiva del mundo y no puede superar su propio narcisismo.
Toda acción de otro, enemigo o no, se juzga según la norma propia, y es descalificada según ésta.
Incluso cuando el enemigo o interlocutor esta haciendo buenas obras.
Mi buen amigo, mucho me temo que estamos con usted ante una personalidad infatil y narcista.
Usted no contestó con replícas al argumento del intercutor; la bravata sobre la santidad de la dialogante es muy lamentable, es como aquella actitud narcisista de los pueblos en los que una nación extranjera es considerada depravada y perversa.
Su interlocutor, equivocado o no, era un dialogante, que como dijo le quería hacer ver algo.
Eso sí que está bueno: hablar de objetividad cuando no se comentan los textos escritos sino los no-escritos, y cuando cualquier pretexto es bueno para hacer psicología de botepronto, por no decir de revista Marie Claire.
Está claro que desconoces, Santiago Fernando, que exponer los propios deseos como crítica es una falacia de irrelevencia, y que por tanto se autodescalifica por sí misma. Decir que a uno le hubiera gustado que el autor escribiera sobre tal o cual cosa, en vez de lo que libremente escribió, no parece muy "objetivo" que digamos.
Pero lo que queda claro es que usted, que defiende el diálogo, se sitúa en un pedestal de superioridad moral que en realidad lo cancela. Para no caer en el juego, me reservo la radiografía psicológica de semejante actitud.
Una observación a los dos dialogantes, no se escribe Poniatosca sino Poniatowska. Tengan más cuidadado.
Al contrario, se escribió con toda intención Ponia-tosca. Tenga usted más cuidado al leer.
Lo no escrito está en los rumbos que tomó el diálogo.
No intento tener, ni me siento superior intelectualmente a usted u otros, ni siquiera moralmente.
Eso no me quita la posibilidad discernir.
Luigi,
al igual que el usuario Carlos, no visualizo los parrafos completos. ¿se puede hacer algo para poder ver el texto completo?
acabo de conocer tu blog y me parece muy interesante.
Saludos
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